RR Rocío Rousseau ESTRATEGIA DIGITAL ← Volver al recetario
Recetario · Blog

Cómo poner precio a un producto sin regalar tu trabajo

Si vendés comida —tortas, viandas, una docena de facturas, el catering de un cumpleaños— seguro alguna vez pusiste un precio mirando el techo. "Y… le pongo tanto." Ese "a ojo" es el agujero por donde se te va la ganancia sin que lo veas: no porque vendas poco, sino porque no sabés cuánto te cuesta de verdad lo que hacés.

Saber cómo poner precio a un producto no es adivinar ni copiar al de al lado. Es entender qué te cuesta hacerlo de punta a punta y cuánto querés que te quede a vos. Antes de los errores, tres palabras rápidas para que todo lo demás se entienda.

Costo, precio y margen: la diferencia que lo cambia todo

El costo es todo lo que se va para que ese producto exista: los ingredientes, sí, pero también el gas del horno, la cajita, la etiqueta y —sobre todo— tu tiempo. El precio es lo que le cobrás al cliente. Y el margen es lo que sobra entre uno y otro: la plata que te llevás para vos.

Hay una cuarta palabra que casi nadie cuenta: la merma. Es todo lo que se pierde en el camino y no termina en el plato. La fruta que se pasó, la crema que quedó pegada en el bowl, la tanda que salió fea y no se vende. Nadie te la paga, pero la comprás igual. Poner precio bien es, en el fondo, no olvidarte de ninguna de estas cuatro.

Los 5 errores al ponerle precio a lo que vendés

Son los cinco que más veo repetirse en emprendimientos de comida, desde la pastelería de casa hasta el local con mostrador. Ninguno es por vago: es por no tener el número a la vista.

1. No contarte a vos mismo

El más caro y el más común. Sumás los ingredientes, le agregás "algo" arriba y listo. ¿Y las tres horas que estuviste amasando? ¿El viaje a comprar la mercadería? ¿El domingo que no descansaste? Tu trabajo es el insumo más caro de tu cocina y es el primero que se regala. Ponete un valor por hora y metelo en la cuenta. Si no te pagás a vos, tu negocio no es un negocio: es un hobby que te sale plata.

2. Copiar el precio del de al lado

"La de la otra cuadra vende la docena a $10.000, yo le pongo $9.500 y le gano." El problema es que no tenés la menor idea de cómo llegó ella a ese número. Capaz compra al por mayor, capaz no se cuenta el trabajo, capaz está perdiendo plata y todavía no se dio cuenta. Copiar un precio es copiar los errores de otro. Mirá a la competencia para ubicarte en el mercado, nunca para calcular tu número.

3. Olvidarte de la merma

Comprás un kilo de frutillas y usás 800 gramos: los otros 200 se pasaron o quedaron feos, pero los pagaste. Batís y algo queda en el bowl. De diez tapas, una se rompe. Todo eso encarece cada unidad que sí vendés, y si lo ignorás, tu costo real siempre es más alto de lo que anotaste. La merma no se elimina; se calcula y se suma al precio.

4. Ponerlo una vez y no volver a mirarlo

En Argentina el precio de la harina de hoy no es el de dentro de dos meses. Un precio que cerraba en marzo te puede estar haciendo perder plata en junio sin que hayas cambiado nada. Poné una fecha fija —el 1 de cada mes, o cada quince días— para revisar lo que pagás por tus insumos y reajustar lo que cobrás. El que actualiza tarde le está subsidiando el producto al cliente con su propio bolsillo.

5. Regalar por miedo

"Si le cobro lo que realmente vale, no me compra." Es el miedo que más margen se lleva. Bajás el precio, sí, pero también bajás lo que te queda a vos, y encima atraés al cliente que solo mira el número y no la calidad. Un precio justo, dicho con seguridad y bien explicado, vende más que un precio bajo dicho con culpa. No estás cobrando caro: estás cobrando lo que cuesta hacerlo bien.

Un ejemplo con números (que van a quedar viejos)

Pongámosle números a una docena de alfajores de maicena. Aclaración importante: estos precios son un ejemplo y en Argentina envejecen rápido. Usalos para ver la lógica, no para copiar el número: lo que no cambia es la forma de pensarlo.

Una docena de alfajoresEjemplo (precios que envejecen)
Ingredientes (harina, maicena, manteca, dulce de leche, coco)$3.200
Gas y luz del horno (prorrateo)$600
Cajita, separadores y etiqueta$900
Tu trabajo (1 h y media)$3.000
Merma e imprevistos (~8%)$600
Costo real aproximado$8.300

Si mirás solo los ingredientes ($3.200) y vendés la docena a $6.000, sentís que ganaste $2.800. Pero cuando sumás el horno, la cajita, tu tiempo y la merma, el costo real ronda los $8.300: a $6.000 estás pagando por trabajar. Recién con el costo completo a la vista podés ponerle un precio que te deje margen de verdad —en este ejemplo, más cerca de $13.000 la docena—. El número de venta no salió de mirar el techo: salió de la cuenta.

Ojo

El número mágico no existe. Lo que existe es tu número: el que sale de tus costos reales, tu tiempo y el margen que vos decidís. Cualquier precio que no arranque de ahí es una corazonada, y las corazonadas no pagan el alquiler.

De la corazonada al número

Salir del "a ojo" no es difícil, es ordenado: anotás cada ingrediente con su peso real, le sumás la merma, tu trabajo y los gastos, y recién ahí definís el margen que querés. Ese paso a paso —con las planillas para no hacer la cuenta a mano cada vez— es justo lo que arma la guía para calcular el precio de venta paso a paso, y lo que el recetario deja resuelto de punta a punta, con un plato costeado como ejemplo para que copies la lógica. Y si tu emprendimiento crece a un local, un sistema como Fudo te lleva el costo por producto en vivo.