RR Rocío Rousseau ESTRATEGIA DIGITAL ← Volver al recetario
Recetario · Blog

Costos fijos y variables en gastronomía: cómo separarlos

Hay una escena que se repite en todo negocio de comida: los números del plato cierran, el margen parece bueno, y a fin de mes la plata no está. No es magia ni es que alguien se la llevó. Casi siempre es lo mismo: se costeó el plato, pero nunca se costeó el negocio.

El costo de los ingredientes es sólo una parte de lo que pagás por vender. El alquiler, la luz, el gas, el sueldo, la comisión de Mercado Pago y las bolsas del delivery también salen de la misma caja. Separar esos costos en fijos y variables es lo que te deja ver cuánto te cuesta realmente tener el negocio abierto.

Qué son los costos fijos

Los costos fijos son los que pagás todos los meses vendas mucho, poco o nada. No dependen de cuántos platos salieron: dependen de que el negocio exista.

  • Alquiler del local y expensas, si tenés.
  • Sueldos del personal fijo, con sus cargas.
  • Servicios de base: internet, el abono del teléfono, el mínimo de luz y gas.
  • Monotributo o impuestos fijos.
  • Seguros, habilitaciones y control de plagas.
  • Software y suscripciones: el sistema de gestión, el hosting de la web, las herramientas que uses.
  • Amortización del equipamiento. El horno que compraste una vez tiene una vida útil: repartir ese costo por mes es lo que evita la sorpresa el día que hay que cambiarlo.

La característica que los define: un mes con la mitad de ventas te cuesta lo mismo. Por eso los meses flojos duelen tanto.

Qué son los costos variables

Los costos variables se mueven con la venta. Si vendés el doble, se duplican; si no vendés nada, tienden a cero.

  • Los ingredientes de cada plato, con su merma incluida.
  • El packaging: bandejas, bolsas, film, servilletas, sobres de salsa.
  • Las comisiones: de Mercado Pago, de la tarjeta, de las apps de delivery.
  • El costo del envío, si lo absorbés vos.
  • El personal por hora o extra que sumás sólo los días fuertes.
  • El consumo de energía asociado a la producción: el horno prendido más horas un fin de semana largo.

Los que están en el medio

Algunos costos son mixtos y conviene no forzarlos a una sola categoría. La luz tiene un cargo fijo más un consumo que sube con la producción. Un empleado con sueldo base y horas extra tiene una parte fija y otra variable. En esos casos, lo práctico es partirlos: la parte que pagás sí o sí va a fijos, y lo que se mueve con la venta, a variables.

Por qué esta separación cambia las decisiones

No es un ejercicio contable. Es la diferencia entre decidir con datos y decidir por intuición. Con los costos separados podés responder preguntas que antes eran una corazonada:

  • ¿Me conviene abrir los lunes? Si el local abre igual —el alquiler ya lo pagás—, la pregunta real es si la venta del lunes cubre los costos variables de ese día más el personal extra. Los fijos ya están pagos.
  • ¿Acepto este pedido grande con descuento? Mientras el precio cubra los variables y deje algo, contribuye a pagar los fijos. Eso no significa regalar: significa que el piso de negociación es otro del que creías.
  • ¿Sumo un plato nuevo a la carta? Si no requiere personal ni equipamiento adicional, su costo es casi todo variable, y la decisión es mucho más simple.
  • ¿Me conviene el local más grande? Un alquiler más caro sube el piso de ventas que necesitás todos los meses, para siempre. Es la decisión que más compromete a futuro.

Un ejemplo con números

Tomemos un local chico de viandas. Los números son de ejemplo, pero la estructura es la que vas a encontrar en tu propio negocio.

Costos fijos del mes: alquiler $450.000, un sueldo $600.000, servicios e internet $120.000, monotributo $45.000, sistema de gestión $25.000. Total: $1.240.000.

Costos variables por vianda: ingredientes $1.800, packaging $250, comisión de cobro $130. Total: $2.180 por unidad.

Si vendés la vianda a $5.500, cada una deja $3.320 después de pagar lo que costó producirla. Ese sobrante es el que tiene que ir cubriendo los $1.240.000 de costos fijos.

Dividiendo: $1.240.000 ÷ $3.320 = 374 viandas. Recién a partir de la vianda número 375 el negocio empieza a ganar plata. Antes de eso, cada venta está pagando el alquiler y el sueldo.

Ese número es el que casi nadie tiene a mano, y es el que cambia por completo la lectura de un mes. Vender 300 viandas suena bien hasta que sabés que necesitabas 374.

El error más común: mirar sólo el costo del plato

Si sólo mirás los ingredientes, un plato con 30% de costo de materia prima parece excelente. Pero si el local tiene un alquiler alto y vende poco volumen, ese mismo plato puede estar dejando pérdida.

El costo de los ingredientes te dice si la receta está bien armada. Los costos fijos te dicen si el negocio está bien dimensionado. Son dos preguntas distintas y las dos hay que responderlas.

Lo mismo pasa al revés: bajar el costo de un plato $200 es un trabajo fino que a veces resigna calidad. Renegociar el alquiler o dar de baja tres suscripciones que nadie usa puede liberar mucho más plata, y no le toca el producto a nadie.

Cómo empezar a separarlos, en concreto

  1. Juntá tres meses de gastos reales. Todo: resúmenes bancarios, transferencias, pagos en efectivo, la compra del proveedor. Sin esto, cualquier cálculo es inventado.
  2. Clasificá cada gasto con una sola pregunta: si este mes no vendiera nada, ¿lo pagaría igual? Si la respuesta es sí, es fijo. Si es no, es variable.
  3. Promediá los fijos. Algunos son bimestrales o anuales —el seguro, una habilitación—. Dividilos por los meses que cubren para que no te distorsionen un mes puntual.
  4. Calculá el variable por unidad, tomando un producto representativo y sumando todo lo que se consume para venderlo, no sólo los ingredientes.
  5. Revisalo cada tres meses. En Argentina los costos se mueven solos: un cálculo de hace medio año ya no describe tu negocio.

Lo que se lleva la plata sin que lo veas

Cuando alguien hace este ejercicio por primera vez, casi siempre aparecen las mismas sorpresas:

  • Las comisiones. Sumadas al final del mes son un número mucho más grande de lo que parecía transacción por transacción.
  • El packaging del delivery. Por pedido es poco; por cuatrocientos pedidos es un renglón que compite con los servicios.
  • Las suscripciones olvidadas. Herramientas que se contrataron para probar y siguen debitando.
  • El sueldo del dueño. El más grande de todos, porque muchas veces directamente no está en la lista. Si trabajás en el negocio, tu tiempo es un costo, y no ponerlo hace que el resultado se vea mejor de lo que es.

En resumen

Los costos fijos son el piso que tenés que cubrir todos los meses; los variables son lo que te cuesta cada venta. Costear el plato te dice si la receta cierra. Separar fijos de variables te dice si el negocio cierra. Con esos dos números en la mano, dejás de administrar por sensación: sabés cuánto necesitás vender, cuánto te deja cada unidad y dónde conviene tocar cuando algo no da.